Author: Rodrigo

  • Sueños vs Metas

    Los sueños son irracionales. Las metas son racionales.

    Los sueños son exponenciales. Las metas son lineales.

    Los sueños por lo general requieren conocer a alguien; el quién, no el qué. Las metas requieren un plan y recursos (tiempo, energía, colaboradores, herramientas, presupuesto).

    Los sueños se basan en emociones. Las metas se basan en lógica.

    Hay personas que únicamente trabajan con uno u otro. Pero pueden trabajarse en conjunto. Es perfectamente posible tener un sueño grande que te mueva y al mismo tiempo un plan calendarizado que te lleve paso a paso para alcanzar cada meta.

    Los sueños comienzan con un “sentimiento”, con una imagen de un estado deseado. Los sueños generalmente se crean en un instante, sencillamente algo hace “clic” y ya está. Las metas tardan un poco más en aterrizarse.

    La clave está en tomar pequeñas acciones que te acerquen a tu sueño. Si quieres una nueva casa, haz citas con asesores inmobiliarios para ver propiedades. Si quieres aprender a volar, toma un vuelo de descubrimiento en una escuela de aviación. Mientras más tensión haya entre el estado actual y el estado deseado, más fuertes serán las acciones para cerrar ese espacio.

  • Cuánto ganas

    El flujo de caja es sin lugar a dudas uno de los mejores termómetros de salud financiera del negocio, pero entender las otras dimensiones del resultado de la empresa puede dar un nivel tan grande de claridad, que hace muy fácil la toma de decisiones.

    Los 3 estados financieros se complementan bien; hablar solamente del flujo de efectivo da una dimensión, pero entender también las utilidades, costos, gastos, activos y pasivos, da un panorama completo del negocio.

    Lo primero es que los estados financieros estén bien calculados, no para efectos fiscales, sino para mostrar la realidad del negocio (aquí la ayuda de un buen contador o analista financiero es invaluable). La respuesta puede no gustarnos, el margen o la rentabilidad puede ser mucho menor de lo que esperábamos, o incluso de lo que necesitamos para sobrevivir, pero esta claridad es importante para saber cuáles van a ser nuestros siguientes pasos.

    Conocer el resultado por producto o por cliente ayuda mucho en la toma de decisiones.

    • ¿Cuáles son los productos con los que más ganas?
    • ¿Hay productos perdedores?
    • ¿Qué producto tiene el mejor margen neto?
    • ¿Cuáles son los clientes más rentables? ¿O los que dan más flujo?

    ¿Las ganancias tienen estacionalidad? Es decir, que fluctúen en función de la temporada del año. Pueden haber factores externos que influyan en las ventas, como el clima, eventos de temporada, o incluso el producto de alguien más. Hacer un calendario comercial al inicio de cada año siempre es buena idea, donde se muestren eventos picos de ventas, como Navidad, Año Nuevo, Día de la Independencia, Día de la Madre, eventos deportivos, conciertos, feriados nacionales, todo lo que se te ocurra que pueda impactar en las ventas.

    Hablando de activos, ¿cuál es el valor de tu marca? Rara vez se incluye en el balance, y si es una marca reconocida debería estar ahí. Otros activos intangibles pueden ser una metodología propia —como en el caso de consultoras— o alguna receta o fórmula que agregue valor a la marca.

    La idea de todo este trabajo no es perderse en el detalle, el propósito es generar 2 ó 3 conclusiones que muevan el negocio:

    • ¿Tienes algún producto “bolillo” que vendas muchas unidades pero con poco margen?
    • ¿Hay algún producto con buen margen que se pueda desplazar más?
    • ¿Cuáles son los 2 ó 3 costos más grande de todo el año? ¿Se pueden reducir?
    • ¿Qué provisiones tienes que hacer para épocas de bajas ventas o menor flujo?
    • ¿Cuáles son los mejores clientes —por ventas y margen—y cuáles los malos? ¿Hay forma de tener más clientes buenos y menos de los malos? Se vale decir que no a los que no dejan utilidad.

    Comprender el retorno del negocio es un gran punto de partida. El negocio ideal es el que genera un alto retorno sobre capital y que sigue usando una buena cantidad de capital a esos mismos niveles de retorno.

    Hablando de buenos negocios, hay de 2 tipos:

    1. El negocio donde la utilidad se queda como efectivo adicional al final del año, de manera que ese flujo excedente se pueda invertir sin disminuir el desempeño del negocio.
    2. El negocio que genera buenos niveles de retorno, pero que no genera mucho free cash, sobre todo negocios que requieran de altos niveles de inventario o de maquinaria & equipo para seguir operando. Mejor evitar este tipo de negocios.

    Más allá de si el resultado es bueno o malo, lo que vale son las acciones que se disparen desde aquí. Refinanciar deuda, contratar personal, invertir en inventario o equipo, hacer cambios comerciales, cualquiera de estas decisiones debería impactar el resultado final del negocio, y todas parten de un entendimiento integral de cuánto ganas.


  • Comunicando la visión

    Para comunicar algo primero hay que tenerlo hecho. El líder es el responsable de definir a dónde va la empresa. Puede ser el CEO, el presidente del consejo o el dueño del negocio. Este es el primer paso, una visión y objetivos claros, concisos y específicos.

    El segundo paso es comunicarlo a los altos mandos, a la primera línea de reporte. Si en un diagnóstico empresarial se le preguntara a un alto mando “¿cuáles son los 3 objetivos principales de la empresa para este año?”, ¿sabría qué responder?

    ¿Sus acciones del día a día estarían en línea con esos 3 objetivos principales?

    ¿El CEO quiere finanzas sanas? ¿Expansión a nuevos mercados? ¿Empoderar a la siguiente línea de liderazgo? ¿Fortalecer lazos comerciales con los socios actuales? ¿Cuál de todos es la prioridad #1?

    Pocas cosas traen más problemas que tener remeros que remen cada uno en su dirección, sin importar que el capitán esté sobre cubierta viendo como el barco se mueve en una vorágine autodirigida.

    Dos buenas formas de comunicar la visión y los objetivos son: mediante un comunicado y mediante una reunión.

    1. Un comunicado estratégico cada trimestre o cada seis meses es excelente para que los altos mandos tengan un mapa y calibren su brújula. Si a este comunicado se le suma un reporte de resultados, mucho mejor.
    2. La ventaja de una reunión estratégica es que hay interacción, se dicen las cosas claras, las personas se ven a los ojos, surgen preguntas, se generan compromisos. Una reunión así cada seis meses puede dar buen rumbo a los altos mandos.

    La tripulación es buena navegando los peligros del mar, pero necesita un mapa para saber a qué tipo de escollo se enfrenta.